“Todas las teorías y toda la ciencia del mundo
no pueden ayudar a nadie tanto como un ser humano
que no teme abrir su corazón a otro”.
Elizabeth Kubler Ross
“La muerte no existe,
la gente sólo muere cuando la olvidan;
si puedes recordarme, siempre estaré allí contigo”.
Isabel Allende
“Las fuerzas que escapan a tu control
pueden quitarte todo lo que posees
excepto una cosa, tu libertad de elegir
cómo vas a responder a la situación”.
Victor E. Frankl
“El camino es sólo tuyo,
otros pueden caminar a tu lado,
pero nadie puede caminar por tí”.
Rumi
“El hombre que se levanta sobre su propio dolor
para ayudar a un hermano que sufre,
trasciende como ser humano”.
Victor E. Frankl
“Da tu primer paso ahora.
No importa que no veas el camino completo.
Solamente da tu primer paso, y el resto del camino
irá apareciendo a medida que camines”.
Martin Luther King
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Grupos

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Padres que enfrentan la muerte de Hijos

A lo largo de los años, han ido surgiendo grupos de Renacer a lo largo y ancho de la República Argentina, así como también en otros países. Cada grupo se autogestiona y organiza, con el compromiso de continuar las bases del mensaje original de Ayuda Mutua entre padres que enfrentan la muerte de hijos, transmitiendo el mismo mensaje de esperanza a los siguientes que llegan.

Victor Frankl, autor de "El Hombre en busca de sentido", en contacto con la pareja de padres cordobeses fundadores de Renacer, dijo que los grupos de Renacer son un ejemplo vivo de lo que él llama Logoterapia. Ésto es a partir de trascender gradualmente el propio dolor ayudando a otro que sufre.

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Qué es Renacer

Por Aníbal Caropresso

Para entender cabalmente qué es Renacer, previamente debemos conocer que, hasta el 5 de Diciembre de 1988, en nuestra cultura y sociedad, no había una respuesta concreta para la muerte de hijos. Ésto se transformó rápidamente en lo que dió en llamarse una Revolución Cultural dado que, a través de grupos de Ayuda Mutua, con bases sólidas de trabajo, y a partir de un intenso trabajo personal, se puede transformar todo el sufrimiento en el más puro Amor a la Vida. De esta forma, poder transformar una tragedia en un triunfo puramente humano.

Conocer que la muerte de hijos provoca una crisis existencial del ser de inconmensurable magnitud y comprender que el sufrimiento no es una enfermedad son las premisas iniciales en Renacer, que dan paso al trabajo con todo aquello que es Universal al ser humano, como lo es el “sufrimiento”. Éste se diferencia de las emociones y los sentimientos provocados por el sufrimiento, ya que son personales y particulares a cada individuo, a la vez que temporales. A partir de esta premisa, se logra llegar a verdades propias de la existencia.

La muerte de hijos, al provocar una crisis existencial tan profunda, nos permite correr un velo muchas veces oculto en la Vida y comprender que, a partir de mi existencia y sufrimiento, debo elegir cómo deseo vivir para mí, para los que me rodean, y para todos los demás. Esta triple condición, me posibilitará incursionar en la apertura de una nueva dimensión, que es la dimensión espiritual (no religiosa) del ser, la propia Esencia.

A partir de esta apertura y conocimiento, donde se generan los fenómenos más humanos, como son el Amor, la Libertad y la Responsabilidad, entre otros, nos permitirá transitar nuevos caminos, que es el de poder llegar a elegir ser seres más solidarios y compasivos: poder levantarnos por encima de nuestro propio dolor e interesarnos en ayudar a esa otra nueva mamá o papá que llega a los grupos para calmar su gran dolor.

Una cosa es “lo que nos ha pasado”, y otra cosa muy distinta es, “lo que cada uno de nosotros decide hacer con aquello que nos ha sucedido”.

Esta fundamental tarea, nos permite reconocer que no es un mérito de ese hijo que partió, sino nuestro mejor homenaje de Amor hacia él, a través de nuestra decisión de levantarnos hacia la Vida.

Renacer es un espacio donde concurrimos en busca de ayuda de “otro par” que es quien mejor nos interpreta, porque le ha sucedido lo mismo que a cada uno de nosotros, pero también es un espacio que nos transforma, al poder dar “todo lo mejor de nosotros” en homenaje y memoria de nuestro hijo que partió prematuramente.

Este dar ocurre a partir de comprender que hemos podido aprender luego de la tragedia. Aprender a transformar el dolor en Amor. A ser seres más solidarios y compasivos abiertos a todos aquellos que lo necesiten. Porque tenemos las herramientas, pero también la fortaleza de habernos vuelto a parar sobre nuestros pies a la Vida y transformarnos en seres nuevos y más humanizados.

No importa cuánto tiempo nuestros hijos estuvieron físicamente con nosotros en este mundo. No importa cómo fue su partida. Solo importa el amor inmenso y eterno por los que partieron y por los que aún están junto a nosotros. Que nuestro mejor esfuerzo y sacrificio vaya en consonancia con el Amor hacia ellos.

Hay un concepto que surge en los grupos y siempre está muy presente, que se resume en la frase de Viktor Frankl que dice que: “El hombre que se levanta sobre su propio dolor para ayudar al hermano que sufre, trasciende como ser humano”.

Este concepto, está directamente dirigido a la autotrascendencia del ser, de nuestro propio ser, a partir de enfocarnos en el otro en el concepto de la Ayuda Mutua. Es el hecho de ir olvidando nuestro propio dolor al estar enfocado en la ayuda al dolor y sufrimiento del otro.

Renacer no se identifica con causa alguna, más allá de su misión. Siempre decimos que, a diferencia de otros grupos, en Renacer concurrimos “por algo que no tenemos y que no queremos olvidar”. No realizamos ningún reclamo a la sociedad, no pedimos nada, no protestamos por nada.

Nuestra misión en la Vida es sumamente clara: “Ayudar a otra mamá o papá a volver a encontrar un camino que le permita poder vivir dignamente a partir de lo sucedido”.

Renacer no se limita a definiciones; tiene principios y deja fluir lo que la Vida misma hace a través de la Libertad de elegir, con Responsabilidad.

Ante la Vida y la muerte, solo podremos ser capaces de comprenderla a través de una nueva condición y con ojos de un nuevo ser que nace a partir de una tragedia.

Renacer tiene objetivos. Éstos son, afrontar el dolor, la verdad dolorosa, aprender de la realidad que nos toca vivir, encontrar un sentido al sufrimiento, y dar un nuevo significado a la Vida. De esta forma, todos los padres sufrientes tienen la libertad de realizar la búsqueda de su camino, de su propia verdad, sin imponer valores o condiciones a otros, pudiendo descubrir su propia dimensión humana y espiritual.

Descubrir un nuevo camino, que es el de la trascendencia del sufrimiento, podrá brindar como resultado y no como objetivo, la Paz interior y la Serenidad de nuestro ser, recuperando toda esperanza de Vida.

Los Grupos disponen de la más absoluta Horizontalidad y Abarcabilidad. Todos los padres que concurren y conforman Renacer son “radicalmente” iguales. Desde Alicia Schneider y Gustavo Berti sus iniciadores fundacionales, como cada iniciador de cada grupo, en cada ciudad, en cada región o en cada país, hasta la última mamá o papá que acabe de ingresar a cualquier grupo, todos son iguales. En Renacer no se impone algún tipo de valores. La antigüedad en los grupos, o cómo fue la partida de cada hijo no hace ni brinda ninguna condición particular. Por cuanto, todos somos iguales por haber entregado hijos a la Vida, cuya partida fue antes de lo deseado. Comprendiendo que cuando muere un hijo también muere algo nuestro, lo que debe prevalecer es: Aprender a que muera “nuestro ego”.

Somos grupos de Ayuda Mutua y no de Auto Ayuda. La importancia de entender este concepto, nos aclara que, si bien la pérdida de un hijo es una condición permanente, el sufrimiento puede ser “trascendido”. Esta significancia cobra sentido cuando aprendemos a dejar nuestro dolor de lado para ayudar a ese “otro” que sufre. Es aquí cuando logramos la trascendencia, nuestra Autotrascendencia. En el “hacer”, en el trabajo continuo que aprendemos en los grupos, donde inicialmente recibimos “abrazos” y mucho “amor” de quienes nos reciben, nos brindan sus “testimonios y vivencias”, donde nos dicen que “se puede decir sí a la Vida” nuevamente. Es donde aprendemos el primer paso a la Solidaridad a través de la Ayuda Mutua.

Es en este “hacer”, en esta Autotrascendencia, que estamos “dando” lo que alguna vez “recibimos” al llegar a Renacer, que es ni más ni menos el Mensaje. El poderoso Mensaje de “Amor” que nos dejaron nuestros hijos, un mensaje que llevaremos y entregaremos siempre desde nuestro más profundo ser.

En Renacer vamos aprendiendo a comprender que no somos lo que recibimos de la Vida, sino lo que somos capaces de dar, lo que devolvemos a ella. Y es aquí donde decidimos dar lo mejor de nosotros en una obra de Amor, porque en ella está el recuerdo y memoria de nuestros hijos, los que partieron y los que aún están.

Aníbal, papá de Fernando.

Historia de Renacer y Renacer en Buenos Aires

Por Graciela Canteros

Renacer nació en diciembre de 1988, en Río Cuarto, Córdoba, Argentina, por iniciativa de Alicia y Gustavo Berti, papás de Nicolás, quien falleció en un accidente a sus 18 años. A partir de ese momento, y al establecer contacto con padres que también habían sufrido la muerte de sus hijos, sintieron que era un llamado a hacer algo transformador, para ellos mismos y para otros que atravesaban ese mismo dolor. Y eso hicieron: crearon Renacer.

Estar atentos desde la intuición a las causalidades, y las decisiones que tomemos en consecuencia, nos pueden llegar a cambiar la vida.

Una “cadena de favores” y sincronicidades en las que fueron partícipes la Dra. Elizabeth Kubler Ross, en su paso por Buenos Aires, Stella Maris Maruso, el Dr. Hugo Dopazo, la Lic. Angélica Alizade y muchos otros, me permitieron saber que Renacer existía. Viajé, en octubre de 1991, a Córdoba con el propósito de iniciar un grupo Renacer en Buenos Aires, para ayudar a otros padres a no sufrir su duelo en soledad, como había sido mi experiencia personal.

Regresé agradecida y con mucha información, motivada pero, ante el desafío de no saber muy bien como comenzar, organicé una charla en Buenos Aires el 7 de Diciembre, en la que Gustavo y Alicia contaron de Renacer. Gustavo comenzó diciendo: "estamos todos los que tenemos que estar", y así fue, ya que, a la semana siguiente, el 12 de diciembre de 1991, 10 padres tuvimos nuestra primera reunión de grupo. Junto a Eugenia Percovitz, nos acercamos al padre Joaquín Sucunza, hoy obispo, quien nos abrió las puertas del colegio S. Cayetano de Belgrano, para poder realizar allí las reuniones. Causalmente él sabía, por experiencia propia, del dolor de perder un hermano, y de ver sufrir a su mamá y quedar “como muerta en vida” según sus propias palabras. Desde el primer encuentro sentimos la necesidad de reunirnos todas las semanas, y así lo hicimos, dejándonos llevar por el corazón. El grupo creció rápidamente impulsado, en especial, por la difusión en los medios de comunicación. En una ocasión llegaron a una misma reunión treinta padres nuevos y en otra, noventa. Fue muy fuerte y desafiante para todos los padres que participamos de aquellos inicios. Fuimos pasando por diferentes formas de trabajo grupal, hasta que, con el aporte de grupos de autoayuda para otros temas, y con mucha experiencia, pudimos afianzarnos en el logro de los objetivos.

En 1992 se abrieron 3 nuevos grupos, La Redonda, Los Robles y Albariños. Los que, junto con San Cayetano de Belgrano, fueron generadores de los grupos que se fueron iniciando en Capital y el gran Buenos Aires: en julio de 1993 los grupos de Acassuso y Lomas de Zamora, a los que siguieron Bella Vista, Morón y San Justo en 1994. Al año siguiente se abrieron los grupos de Moreno, Monte Grande, Quilmes y Escobar. Fue un crecimiento difícil y de muchos aprendizajes. Las reuniones de trabajo fueron útiles y necesarias desde un principio, y así surgió “intergrupos”. Ya en 1996 se pusieron en marcha los grupos de Patrocinio de San José y Avellaneda. Y seguimos creciendo con la apertura, en el año 2000, de los grupos de Olivos y Bancalari, este último actualmente en General Pacheco. Y con el tiempo, Balvanera, San Miguel y Liniers. Hoy en día más grupos se fueron sumando para ofrecer nuevos espacios para un Renacer a la vida. El objetivo, desde un principio, era que hubiera grupos en distintos barrios o localidades y diferentes días de la semana. Desde Intergrupos, se trabajó para poder organizar un crecimiento tan grande como inesperado, aprender unos de otros, y también contener los miedos y ansiedades entre los que nos hacíamos cargo de sostener activamente los grupos, compartiendo logros, dificultades, inquietudes, errores y crecimiento, pero siempre con mucho amor por la tarea emprendida. La gran cantidad de padres nuevos que llegaban producía, en muchos, una sensación de agobio por tener que repetir semana a semana la situación de su pérdida, así como escuchar en todas las reuniones nuevos testimonios. No solo se conmovían mucho sino que, además, la vivencia era de no poder avanzar en otros temas. Como respuesta implementamos el grupo Comenzar.

La primera participación en los almuerzos de Mirta Legrand, en televisión, el 29 de Junio de 1993, produjo otro gran crecimiento de Renacer en general y de Buenos Aires en particular. Esa tarde se recibieron más de 150 llamadas, a las que se agregaron las de los días siguientes y aún los meses posteriores. Semana a semana, muchos padres se iban integrando a los grupos existentes y a los nuevos que se iban abriendo simultáneamente. Organizamos rápidamente la tarea: aquellos con más tiempo y experiencia en Renacer nos hicimos cargo de acompañar en los grupos nuevos, estaban los que recibíamos llamados telefónicos, los que procesaban y devolvían llamados, derivando a los padres a los grupos más cercanos dentro de Buenos Aires, o a los de otras provincias, a través de Gustavo y Alicia para quienes enviaban cartas y material desde el interior del país. Fue muy valioso el compromiso de amor, más allá del dolor, de padres con duelos recientes y que se volcaron a la tarea de recibir con total entrega a quienes iban llegando en busca de una esperanza.

En el 1º Congreso de Renacer en Río Cuarto, se nos propuso evaluar la posibilidad de que Renacer se constituyera en Fundación o Asociación Civil. Para esto había varios profesionales, entre los padres, que se abocaron generosamente a la tarea, como sucede siempre en Renacer. Después de un año de arduo trabajo, concluimos con un Estatuto, que serviría de base para que, en cada provincia, se pudiera gestionar ser Asociación Civil. Presentamos el trabajo en el Congreso que se realizó al año siguiente en Mar del Plata. Al día de hoy, Buenos Aires cuenta con esa personería jurídica y, si bien los grupos se auto-gestionan entre los padres, contar con ello nos ha facilitado el funcionamiento en diferentes momentos.

Siguieron los encuentros nacionales, aniversarios, el contacto con Gustavo y Alicia, dando su aporte valioso, con charlas y escritos. También se sumó la invalorable colaboración de Carlos Bianchi, con escritos, su participación grupal y el primer curso para coordinadores, para ayudar a sumar herramientas a todos aquellos papás que quisieran asumir dicho rol dentro de un grupo. Comenzamos en 1995 las Jornadas para Conocernos, como una manera de interactuar entre los diferentes grupos de Renacer Buenos Aires. Desde 2002 hasta la fecha se siguen dando talleres de coordinación para aquellos padres motivados en esta amorosa y solidaria tarea, que desde el amor quisieron devolver al grupo lo que ellos mismos encontraron en él. También desde el año 2003 se realizan los Talleres de Especificidad en los que, excepcionalmente y solo una vez al año, los padres pueden ser “más pares entre pares”, lo cual es muy enriquecedor y permite llegar a la conclusión de que, más allá de cómo fue la forma de partida de nuestros hijos, su edad o las circunstancias, el dolor es el mismo. Se han organizado numerosas charlas a cargo de padres de Renacer o de quienes tuvieran un mensaje que sirviera como aporte para seguir reflexionando y aprendiendo.

Este hacer Renacer Buenos Aires ha sido y es compartido, a través de los años, con todos y tantos padres que se fueron sumando, desde lo mejor de sí mismos, como homenaje y para sentir el amor de y por nuestros hijos en el dar y recibir, recibir y dar.

Graciela, mamá de Dieguito, que estará por siempre en mi corazón, y con su partida me llevó a Renacer. Y de Verónica y Sebastián, los tres son mis grandes maestros.

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Acerca de esta Web

Esta web fue creada por un papá de Renacer, junto al trabajo en equipo de varios papás y mamás que se sumaron a la iniciativa, con la intención de ayudar a otros padres que se encuentran atravesando el peor momento de sus vidas, para dar a conocer y poder brindarles el mensaje de esperanza que se transmite en los grupos Renacer. Esa es parte de la esencia de estos grupos, donde muchísimas personas que han atravesado el mismo dolor, independientemente de las edades o del motivo de la partida, han podido sobrevivir, reconstruirse y volver a disfrutar de la vida, dando sus testimonios a otros padres y armando una red de ayuda mutua.

Hoy escribo estas líneas y armo esta página de Renacer con la esperanza de que, al leerlas, entiendas que no estás solo o sola en este camino, y transmitirte que hay vida después de la partida de un hijo.

Seguramente en este momento no lo puedas ver, pensarás que no podrás atravesarlo, o que ni siquiera querrás hacerlo -entiendo lo que sentís, yo también perdí una hija-, pero podrás y lo harás. Será difícil, sí, tomará tiempo e implicará, en algún momento, un trabajo, una búsqueda, que con el amor y el apoyo de los demás, va a permitirte encontrar la manera de ser feliz otra vez.

Pero por el momento, quiero decirte que vayas paso a paso y que confíes en que en algún lugar de este doloroso, y hoy oscuro camino, comienza a vislumbrarse una luz de esperanza.

Fernando, Papá de Emilia.
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Cómo funcionan los grupos

Los grupos Renacer se reúnen con un propósito común, el de afrontar el dolor y aprender de él, pudiendo trascenderlo, otorgándole un nuevo sentido a la vida. La tarea de Renacer es gratuita y solidaria. Los padres que concurren a los Grupos no pagan ningún derecho de inscripción (porque no lo hay), no pagan cuota (porque no existe). En todo caso, su “esfuerzo” personal es la vocación de servicio hacia el otro.

Renacer no está identificado con ninguna religión, secta, partido político, grupo étnico, organización o institución. Renacer no interviene en controversias, no respalda ni se opone a ninguna causa. El objetivo primordial de los Grupos es la ayuda mutua y apoyo entre mamás y papás con hijos que han fallecido, haciendo de las reuniones un lugar de amor y absoluta privacidad en el trabajo de recuperación de cada uno. En Renacer no se imponen valores, ningún papá o mamá puede decirle a otro qué debe hacer o qué debe ser. Por el contrario, el énfasis está dado en que cada papá o mamá tiene la total libertad para decidir ante quién asume su responsabilidad en la Vida. La responsabilidad individual es un valor neutro y vigente en cada integrante del grupo, lo cual genera comodidad entre todos.

Siempre, y es de reconocer, Renacer pudo encontrar en la sociedad la colaboración de Escuelas, Instituciones (religiosas o no), Juntas Vecinales, Bibliotecas, etc., que facilitaran gratuitamente un lugar para llevar a cabo las reuniones de los Grupos.

Los miembros de los Grupos compartimos lo que significa asistir a una reunión de este tipo por primera vez. Todos hemos pasado por ésto. Te comprendemos. Y deseamos en primer lugar transmitir un mensaje de esperanza. Es por eso que proponemos que te des la oportunidad de lograrlo. Inicialmente, sugerimos asistir por lo menos a cuatro reuniones consecutivas, para que puedas determinar si realmente el grupo te es de ayuda.

En las reuniones, para trabajar sobre los objetivos, procuramos:

  • Ser puntuales
  • Regular el tiempo que utilizamos para hablar, considerando que todos puedan hacerlo.
  • Escuchar al otro, sin interrumpirlo ni hacerle acotaciones.
  • No temerle a los silencios; pueden ser momentos de reflexión.
  • No dar consejos ni hacer interpretaciones, sólo hablamos desde la propia experiencia.
  • Evitamos el diálogo, priorizando la escucha a quien está expresándose, respetando el turno de cada uno.
  • Participar, porque desde nuestra experiencia sabemos que trae mucho alivio compartir con quienes nos entienden, nos respetan y no nos juzgan. Pero si preferimos podemos sólo escuchar.
  • Escuchar todo lo que otros dicen, aunque no siempre lo compartamos. Quizás en algún otro momento también pueda sernos útil. Hay una frase muy utilizada por Graciela, mamá de Dieguito, quien abrió el primer Grupo de Bs.As., que dice "De lo que escuchamos, guardemos en un bolsillo aquello que sentimos que nos sirve, que nos ayuda, y en el otro bolsillo aquello que hoy creemos que no. Quizás, en algún momento, algo de aquello también nos sirva".

Buscamos que, a partir de compartir experiencias , podamos ubicarnos en el aquí y ahora de nuestra realidad, evitar el aislamiento y ponernos nuevamente de pie, aprender a comprender y aceptar la muerte como parte de nuestra existencia, permitirnos descubrir y disfrutar de las cosas gratas que tiene la vida, rescatar el mensaje de amor que nos dejaron nuestros hijos y poder devolverlo a otros en la medida que seamos capaces. En el mismo acto de compartir ya empezamos a darnos a otros desde nuestra intimidad, comenzamos a abrirnos al dolor (sin temor a las lágrimas ni a la rebeldía), a sacarlo afuera, a mirarlo y trabajarlo con toda suavidad. Ésto nos hace humildes, siendo concientes de la dimensión de nuestra circunstancia. A partir de allí, comenzamos lentamente a reubicar las piezas de nuestro ser para reconstruirnos y recrearnos en esta nueva etapa de nuestra vida.

Desde el primer instante que entramos a formar parte del Grupo, ya no estamos solos. Nos une un lazo más fuerte que la muerte, que es el amor hacia el otro que está sufriendo lo mismo que yo. “Yo soy el otro” dice muchas veces Lidia, mamá de Viviana, y una de las mamás con más años en uno de los grupos de Renacer de Bs As. o, como también lo expresa Victor Frankl: “El hombre que se levanta sobre su propio dolor para ayudar a un hermano que sufre, trasciende como ser humano”.

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Renacer es una obra de amor, ayuda y esperanza, donde es posible trascender el dolor, crecer y surgir con más fortaleza, solidaridad y compasion, para vivir una vida digna y plena de sentido que nos permite afirmar: "a pesar de todo, sí a la vida". Es una escuela de vida, en la que nos planteamos cuál va a ser nuestra respuesta y qué acciones vamos a concretar a partir de asumir que la muerte de un hijo es lo más doloroso que nos ha tocado vivir, pero al mismo tiempo afirmamos que es una oportunidad y un desafío que nos lleva a elegir cómo queremos vivir de ahora en más. Porque el tema no es no sufrir, sino no sufrir en vano. Es en el grupo donde podemos darle voz a nuestros valores espirituales y ponernos en acción. Asi como necesitamos de Renacer, Renacer necesita de nosotros, para que cada uno dé humildemente lo mejor de si mismo. Ayudando es cuando más nos ayudamos, es uno de los mejores homenajes que podemos hacer en memoria de nuestros hijos, y en este dar y recibir, recibir y dar, nos sentimos más partícipes de la vida, comprobando que sentir paz, amor y serenidad es posible.

Lidia, mamá de Viviana.

Mi nombre es Laura, soy la mama de Lucas, quien falleció a los 19 años. Los primeros momentos fueron desesperantes, tan imposible de pensar que sucediera lo que sucedió como imposible de pensar en sobrevivir ante tanto dolor y tragedia. Así llegamos a Renacer junto a mi esposo, Daniel, yo sin poder mencionar a Lucas, sin poder decir mi nombre porque el llanto ahogaba cualquier palabra que quisiera pronunciar. Me encontré con pares que me abrazaron y me dijeron la palabra mágica “se puede”. Esos extraños del primer día son mis compañeros de vida con quien recordamos a nuestros hijos y compartimos otros momentos lindos de la vida. Los encuentros son intensamente vividos, habiendo aprendido que la vida es finita y debemos aprovecharla. También aprendí que la búsqueda de herramientas para recorrer este nuevo camino depende de nosotros. En mi caso, Renacer fue y sigue siendo una gran ayuda. Conectarse con nuestro hijo fallecido, llevarlo dentro nuestro en cada viaje, en cada lugar nuevo me han ayudado a acortar las distancias entre su mundo y el mío.

Laura, mamá de Lucas y Franco

Cuando hacemos cosas para ayudar a otro, nos corremos de nuestro propio dolor, y aunque al principio el combustible que lo impulsa es el dolor, se transforma en acciones de amor que nos agregan sentido a nuestra vida, volviéndose sanador.

Emi nació hace casi un año y vivió 8 días. Llegamos a Renacer dos meses después con mucha angustia y con la sensación de que el mundo se nos había derrumbado. Desde ese momento venimos transitando un camino de aceptación y reconstrucción, de a poco, con altos y bajos, pero aprendiendo a manejar diferente ese dolor. La realidad no la podemos cambiar pero podemos empezar a ver en perspectiva, recordar y amar a nuestra hija y también pensar hacia adelante, valorando y siendo concientes de las cosas realmente importantes de la vida.

Fernando, papá de Nicanor, Santiago y Emilia.

Soy Norma, la mamá de Nicolás, mi único hijo, tenía 14 años cuando falleció, se suicidó. Renacer fue y es un lugar donde me sentí contenida y aprendí cómo seguir. Llegué a la semana y escuché a muchos papás que decían que "se podía volver a tener una vida", y yo pensaba que estaban todos locos, no entendía cómo. Hoy les digo a los papás nuevos que sí se puede. Es un camino largo y duro, con altibajos, momentos de bronca, de culpa, de "no quiero seguir más", pero al compartirlo con otros papás que saben de qué se trata, es mucho más fácil, ayuda muchísimo porque entienden perfectamente lo que sentimos. De nuestros hijos, a veces no podemos hablar con el resto de la gente, al principio nos duele porque sentimos que la gente trata de evitar el tema. A mí me pasó con mi familia. Pero acá aprendí que lo hacen porque creen que nos lastiman. También aprendí que los duelos son individuales, con mi marido pasamos por eso. Hoy me hace bien seguir yendo al grupo porque con mi testimonio puedo ayudar a otros papás, y eso me reconforta mucho, y además sigo llevándome de cada reunión un montón de cosas positivas.

Llegué a Renacer 9 días después de la partida de nuestro amado hijo Agustín, estaba en shock, totalmente devastado y convencido que mi vida se había acabado. Lo único que recuerdo de mi primera vez en Renacer, fue sentir que había esperanza, que tal vez podría tener algún sentido mi nueva vida sin Agus. Y a partir de ese día empezó el difícil trabajo de reconstrucción, de empezar a recoger mis pedazos y armarlos y sobre todo, encontrarle un sentido a esta nueva vida. Y fue cuando entendí que el destino había decidido, que mi camino seguiría sin Agus, que empecé a aceptarlo, y comenzó mi reconstrucción. Y en este proceso nuevamente Renacer se hizo presente, ya que gracias al testimonio de otros padres con diferentes tiempos de duelo, me marcaban el camino a seguir y decidí luchar para encontrarle un sentido a mi nueva vida, por mi mismo y por las personas que amo y que me aman. Se que Agus ya no va a estar mas al lado mío físicamente, pero sí su amor y su presencia espiritual tan cercana y tan presente !!!.

Monica y Horacio, padres de Agus, que partió el 09/08/2016

Una vez leí que "un dolor compartido, duele la mitad y una alegría compartida nos alegra el doble". Ésto es lo que pasa en el grupo. No nos reunimos a llorar, aunque al principio es inevitable y necesario, sino que venimos a compartir nuestro dolor y también nuestras alegrías.

Luján, mamá de Nahuel.

Renacer es un grupo de vivencias. A partir de escuchar otras historias vemos que sí existe esperanza a futuro, vamos entendiendo hacia dónde queremos ir y hacia dónde no queremos ir, adquirimos herramientas que de a poco nos ayudan a vivir nuevamente.

En el grupo tenemos charlas muy profundas y enriquecedoras, filosofando acerca de la partida de nuestros hijos, pero sobre todo, de la vida, de la muerte como parte de nuestra existencia, y del amor.

En Renacer se habla de futuro. Frente a la muerte de mi hijo, puedo quedarme toda la vida lamentándome y sufriendo, o puedo ver qué hago de ahora en adelante con lo que me pasó. En definitiva uno siempre tiene la posibilidad de elegir y es responsable de su propia elección.

Haber llegado a Renacer, conocer su esencia, su mensaje de Amor y transformación, ha sido, y es de mucho aprendizaje para mí vida.
Al escuchar a nuestros pares, nos nutrimos de esperanza y revalorizamos nuestras vidas.
Asistiendo también a los papás nuevos, transmitiendoles el mensaje que hemos recibido.
"Porque nuestra vida cobró sentido".
"Porque sabemos lo que sentimos".
Nos seguimos celebrando....
"Nuestros Hijos nos inspiran".
"Renacer lo hace posible".

Haydée, mamá de Luciano.

Si formás parte de algún grupo Renacer, y querés ofrecer un mensaje a otros padres, escribilo a continuación:

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